3 de noviembre de 2012



Con el tiempo, ella fue formando una coraza en su corazón. Un muro gigante de piedra dura y fría, el cual costaba soltarlo o romperlo. Por la simple razón de no volver a hacerse daño, o por lo menos no tanto como el que se había hecho. Dejó de creer en cuentos de hadas, en mentiras adornadas para parecer verdades, en príncipes azules. Empezó a creer en historias con principio y final, en que las verdades se demuestran con hechos, y que los príncipes sólo son cabrones disfrazados de ellos. Decidió que nunca más iba a darlo todo, ni a luchar por lo imposible, porque por mucho que lo intentó a veces, no lo consiguió. Obligó a su cabeza a no pensar en quién no mereces la pena y a su corazón lo obligó a olvidar, sí, ese verbo al que TODOS tenemos miedo. Se prometió a si misma no volver a caer en el mismo error, ni darse otra vez con la misma puerta. También prometió no volver a ilusionarse antes de la cuenta. Se cosió la idea de que NADA es para siempre, de que el amor siempre se pierde. Juró no volver a enamorarse, o por lo menos intentar no hacerlo. Se tragó muchas veces sus propias palabras. Se dijo mil veces que no necesitaba al amor, aunque se mintiera a si misma, todos lo necesitamos. Necesitó que alguien le repitiera muchas veces que era la más tonta del planeta, para darse cuenta de que ese camino no era el correcto y mucho menos esa persona. Rió cuando sólo tenía ganas de llorar, se colocó su sonrisa, fingiendo que no le importaba nada. Y aquí está prometiendolo de nuevo, construyéndose esa coraza cada vez más y más grande. Mandando a tomar por culo a los príncipes-cabrones. Desarmando mentiras. Creyendo que nada es para siempre. Obligando a su corazón a olvidar. Prometiéndose a si misma que no caerá en la misma piedra, que no se ilusionará. Jurando no volver a enamorarse. Riendo de verdad. Sin fingir tanto como antes. Y aquí sigue, ELLA, mucho más fuerte que antes, con su coraza y sus sentimientos bien guardados. Como siempre.