Ella, esa que se miraba al espejo y veía miles de imperfecciones.
Él, ese que la miraba y no se explicaba como podía haber un ser tan perfecto.
Ella, esa que odiaba reír porque no le gustaba su sonrisa.
Él, ese que nunca imaginó que pudiera haber una sonrisa tan jodidamente perfecta.
Ella, esa que cada noche derramaba miles de lágrimas por su amor perdido.
Él, ese que no podía asimilar que hubiera alguien tan idiota que en vez de haberla tratado como a una princesa, le hubiese roto el corazón en mil pedazos.
Ella, esa que no olvidaba a esa persona.
Él, ese que estaba dispuesto a enamorarla para hacerla olvidar.
Ella, esa que desde entonces no había vuelto a creer en el amor.
Él, ese que estaba dispuesto a devolverle las ilusiones y las ganas de amar.
Ella, esa que creía que los príncipes azules no existían.
Él, ese que desde que la vio quiso ser un príncipe para convertirla en su princesa.
Ella, esa que no creía que alguien la pudiera querer de verdad.
Él, ese que se moría de ganas por ella.
Ella, esa que volvió a amar gracias a él.
Él, ese que desde que está a su lado es el hombre más feliz de este puto planeta.
Ellos, que están dispuestos a morir el uno por el otro.
